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Deponen armas si acaban con Templarios

Hipólito Mora, un limonero de 58 años, fundador de las autodefensas michoacanas, advierte que no entregarán las armas hasta que los líderes de Los Caballeros Templarios estén muertos o presos.
jueves, 4 de julio de 2013
Por: Agencias
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Hipólito Mora, un limonero de 58 años, fundador de las autodefensas michoacanas, advierte que no entregarán las armas hasta que los líderes de Los Caballeros Templarios estén muertos o presos.

Pero están muertos, se le dice. Nazario ("El Chayo") supuestamente fue asesinado en 2010, por ejemplo.
"Vive, y no tenga ninguna duda", asegura Mora.

Jefe de la Policía Comunitaria de La Ruana, poblado de Buenavista Tomatlán, Hipólito Mora anda con una pistola al cinto y rodeado de seguidores armados.

Los soldados y la federal no le molestan. La Policía Comunitaria mantiene un retén en la entrada del pueblo.

Vigila y decide ante la ausencia de Gobierno civil.

Hipólito cuenta como una hazaña, algo épico, el surgimiento de la Policía Comunitaria en la región de la Tierra Caliente michoacana.

Dice que un grupo de hombres contados con los dedos de su mano iniciaron la revuelta que expulsó a Los Caballeros Templarios de la región.

Sus cómplices en la hazaña fueron su hijo mayor, un albañil apodado "El Tribilín" y un muchacho que trabajó para él desde niño y no había manera que le fuera desleal.

Armado con una escopeta hechiza y una pistola calibre 9 milímetros, seguido de unos cuantos, Hipólito Mora fue un domingo a la Plaza Central de La Ruana (cuyo nombre real es Felipe Carrillo Puerto, municipio de Buenavista Tomatlán) y proclamó el surgimiento de la denominada Policía Comunitaria.

"Surgió el 24 de febrero. Y el por qué: debido a tanta extorsión que teníamos por parte de los Caballeros Templarios. Nos cobraban cuota, como dicen ellos, de todo.

Ya no nos dejaban trabajar", cuenta Hipólito.

--¿Es un grupo de autodefensa?
--Sí.

--¿Así lo entiende, como autodefensa?
--Sí, así mero.

Como en Colombia. Así, más o menos, surgieron las Autodefensas de Carlos Castaño que derivaron en una de las peores pesadillas de aquel país.

Grupos rurales asociados a los ganaderos, a los agricultores, a pobladores hartos de extorsiones, asaltos, secuestros, vejaciones. Derivaron en lo mismo que impugnaban y en algo peor.

Hipólito niega vínculos con algún cártel, como el de Jalisco Nueva Generación a pesar de las insinuaciones públicas, del armamento que han portado -de uso exclusivo del Ejército- de que los personajes que se han enrolado, al igual que los detenidos en sus primeras incursiones, tienen antecedentes criminales.

Más de 40 con armas de fuego que ni los policías municipales tienen. Empero, el líder de las autodefensas reivindica a esos presos y pide su liberación.

"Lo he suplicado, le he dicho al Presidente (Enrique) Peña Nieto que me arrodillo si me lo pide, pero que me deje libres a cuarenta y tantos comunitarios que tienen presos de hace más de tres meses, tres meses y medio.

Es gente pobre, humilde... Y no los quieren soltar. Están en Veracruz, Puente Grande, Jalisco, en Toluca, y creo que algunos hasta en Tamaulipas y es triste que tengan detenidos a gente honesta.

Los detuvieron por las armas que portaban", alega.

Y reclama por los servicios prestados: "Les entregamos a 21 halcones o punteros, Templarios. Al de Seguridad Pública de aquí del municipio de Buenavista, que llevaba dos temporaditas ahí, estaba cuando estaba Valdo de Presidente, salió Valdo y siguió ahora que estaba Luis Torres ¿Por qué siguió? Porque era de las gentes de confianza del Chango (Méndez, líder templario).

Era un asesino y yo lo detuve; se los entregué, vino la Policía Federal, se les tomó declaración a todos: uno por uno. '¿A qué te dedicas? Soy Templario'.

Hay un video. Los entregué y en menos de 24 horas, ya andaban en la calle. ¿Por qué sueltan a criminales que ellos mismos aceptan quiénes son?"

Explota: "Que nos ayude el Gobierno. No quiero hacer daño a nadie, pero que no nos hagan a nosotros tampoco. Dijo Jesús, 'si me pegas en una mejilla, te pongo la otra'.

Que me perdone Dios, pero yo no soy de esa idea. Si alguien me pone un chingadazo yo se lo contesto".

A la entrada de La Ruana, la comunidad más importante de Buenavista de Tomatlán, hay un retén de la Policía Comunitaria. Lo marcan con anticipación conos naranjas que angostan el camino y obligan a los autos a bajar la velocidad.

Una "caseta" hecha de palos, ramas y hojas de árboles guarece al grupo vestido con playeras blancas. Su presencia ahora parece simbólica porque desde mayo patrullan coordinadamente vehículos del Ejército y de la Policía Federal con efectivos fuertemente armados.

Se toleran. Se saludan.

El puesto de mando de la Comunitaria está a la entrada del Rancho Los Palmares, un predio abandonado con algunas vacas encerradas. La explanada es amplia y al fondo está una casa con aire acondicionado, un enorme refrigerador que guarda huevos, una papaya y refrescos.

En la terraza hay mesas de cubierta plástica con ollas llenas de aguas de sabores y guisados.

"Este era un rancho del señor Estrada, un ganadero de por aquí. Huyó porque Los Templarios extorsionaban y al final le quitaron el rancho.

Ya se fueron Los Templarios y tomamos el rancho como oficina. Si viene el señor Estrada se lo regresamos", dice Hipólito mientras camina al interior de la casa donde se desarrolla la entrevista.

Cuenta de las extorsiones de Los Templarios.

"Cobraban en las empacadoras de limón; si el limón valía 3.50 el kilo, en las empacadoras lo pagaban a 2.50. O a 2 pesos. Y ese peso que quedaba, se lo entregaban a ellos.

Este peso que le entregaban a ellos, lógicamente no lo pagaban los dueños de las empacadoras. Ellos lo cargaban a las cuentas de nosotros, los productores de limón.

¿Y quiénes resentían? El más pobre que es el cortador de limón".

--¿Y si no pagaban?
--Lo mataban a uno.

--Nada más.
--Sí, ellos no bromeaban. Ellos llegaban a las casas a la hora que fuera y no les importaba que estuviera uno durmiendo con su esposa y con sus hijos.

Extorsionaban y mandaban. Hacían justicia por su propia mano.

Voy a poner un mal ejemplo. Si usted se peleaba con su esposa en su casa, le hablaban a ellos, iban, a veces les ponían una putiza al matrimonio, o si no una multa... Aquí hay un río, le llamamos el río Grande.

Tiene muchísima arena. Toda la gente si ocupa arena para construir pisos o casa, íbamos al río. Otras personas tenían su manita de chango, maquinaria pesada ahí para vender arena.

Llegaron al extremo de apoderarse del río. Ya nadie podía ir a recoger arena ahí. ¡Un río federal!

--¿Los dueños de la región?
--Los dueños de todo Michoacán, no nada más de la región. Lo mismo que hacían aquí con nosotros, lo hacen en todo Michoacán.

La fundación

Según Hipólito, el hartazgo lo llevo a fundar la Policía Comunitaria.

En una comida en Tepalcatepec, municipio vecino de Buenavista, el 9 de febrero, Hipólito habló con agricultores y ganaderos. "Me llevé unos cuatro amigos míos.

Y ahí fue cuando planeamos. Acordamos con los líderes de allá: 'Si antes del 24 se dan cuenta Los Templarios, nos matan. Hay que tener mucho cuidado'.

Afortunadamente no se dieron cuenta. Se llegó al 24 y lo hicimos un domingo. Ellos iban a hacer una reunión entre todos los ganaderos, que son como unos 800.

Ahí en la reunión les iban a decir '¿saben qué? Hoy es el día, vamos a hacer esto'.

"Entonces yo les dije: 'lo voy a hacer primero yo y si el pueblo me responde en cuanto se levante el pueblo les hago la llamada para que en plena junta les den a conocer: se acaba de levantar la Ruana y se animen'.

Y así lo hicimos. Salió bien todo, se hizo la llamada, estaban en la reunión (en Tepalcatepec) todos los ganaderos, y 'se acaba de levantar La Ruana y quieren que lo hagamos nosotros también ¿se animan?'"

Actos súbitos primero en La Ruana, luego en Tepalcatepec. Luego en la cabecera de Buenavista Tomatlán. Mítines en las plazas centrales y la proclamación de guerra contra los Templarios.

--¿Usted qué hizo... ?
--Aquí en este pueblo, en los pueblos chicos nos acostumbramos que si queremos reunir el pueblo, hay varios carritos que traen su bocina arriba.

Entonces queremos anunciar un evento, o cualquier cosa; lo hacemos por medio de un carro. Fui con un amigo (que tiene su carrito), y le dije 'pasa esto'. No le comenté de qué se trataba, porque no se hubiera animado.

Le dije 'quiero que anuncies esto, que se invita a una reunión urgente a todos los habitantes de Carrillo Puerto en el Jardín principal'. Lo hizo.

Después fui a ver a un muchacho que tiene unas bocinas con su micrófono para hablar. Me dijo 'sí, sí voy', y fue. Me metí a la casa para prepararme y me avisaron que el jardín estaba lleno.

Ya el sonido estaba. Le dije al muchacho, 'pon música mientras se hace la reunión' y todo, y sí puso. Pero luego que me habla '¿sabes qué? No sé que pasó, se quitó el sonido, ya se lo llevaron.

Se imaginaron y nos lo quitaron'. Entonces que le hablo a otro muchacho: '¿sabes qué? Llévame una bocina, aunque sea chiquita, ahí con qué anunciar'.

Sí la llevó. Y ya los que se iban a subir conmigo al principio, supuestamente se habían unido a mí, se me rajaron, en el último momento, y ahí yo estaba en mi casa desesperadísimo.

Entonces, lo que tuve que hacer, que agarro a un chamaco que cuando estuvo chico trabajaba conmigo y ahí estaba de visita. Le dije '¿te animas a hacer eso?' y me dijo 'sí, cómo no'.

Le pongo una camiseta en la cabeza 'para que no te conozcan'. Y había un albañil que yo sabía que él traía muchas ganas de que hiciera esto y decía 'yo quisiera que alguien del pueblo se animara a seguirnos'.

Lo vi y alguien le dijo 've y corre con Mora, es el único que se puede animar'. Y platiqué con él una vez y le dije '¿te animas?' Me dijo, 'el día que se ocupe me avisa'.

Pues ese día, cuando mis amigos me fallaron, que mando un hijo mío, mayor. 'Véte hijo y búscame al Tribilín (el albañil) y tráemelo'.

Y sí, llegó y ya le dije de qué se trataba y me dijo 'sí, cómo no. Ya te dije, yo no me rajo'. Le dije '¿te pones una capucha?' y me dijo 'no, así.

Déjame ir a la casa por una pistola nada más'. Tráetela. Y así nos aventamos: con un albañil, un chamaco que había trabajado un rato conmigo, y que tenemos buena amistad todavía.

--¿Y usted que arma llevó?
--La que traigo ahorita. Una 9 milímetros Y una escopeta que ya me robaron, en el mismo movimiento me la robaron, aquí la raza.

Tenía yo cerca de 25, 30 años con ella. Una hechiza de un tío.

--Pero Los Templarios traen armas...
--No tenía más yo. A lo que le tenía terror es a hablar en público. Nunca había hablado en público.

--No tenía terror de usar un arma, pero sí de hablar...
-Sí. Le tenía más terror a hablar que a usar un arma. Yo me confieso.

Yo nunca le he tenido miedo a nada. Nunca he tenido miedo de que me maten.

--¿Qué logró?
--Que se salieran de aquí Los Templarios, se acabaran las cuotas. Ya vivimos libremente, podemos ir a donde queramos.

Podemos hacer lo que nos de la gana, ya no podíamos.

--Por qué no lo hizo por la vía de ser Alcalde...
--Porque no me gusta la política. Hay mucha corrupción. Toda la gente, casi, se vende por dinero que le ofrezcan y hacer lo indebido, por agarrar dinero.

Y a mí no me gusta.

--Llegó el Ejército, la Policía ¿por qué volteó el Gobierno federal para acá?
--Yo necesito el apoyo del Gobierno.

Cuando llegaron aquí, el pueblo me decía que no lo dejáramos. No confían. Sin embargo, yo soy una persona que tengo criterio propio, y no me gusta dejarme manejar así fácilmente cuando yo sé que tengo la razón.

Y acepto opiniones, pero yo sabía que tenía que entrar el Ejército. Que tenía que entrar la Policía Federal. Solos no podemos contra un cártel.

Necesitamos estar unidos gobierno y ciudadanos.

--¿No hay riesgo de que ustedes puedan convertirse...
--No.

--...Como los Templarios.
--No. Y fíjese cómo me le adelanté. No lo hay porque ya lo han intentado. Y yo lo digo honestamente y con franqueza: mientras yo esté al frente de este movimiento, no va a entrar ningún cártel.

"No lo voy a aceptar porque prefiero esto", insiste al momento que el vaso de agua helada que porta en su mano izquierda lo lleva al piso para sacar de la bolsa trasera del pantalón su cartera.

Abre el estuche y enseña un billete de 50 pesos y uno de 20.

Y cierra: "prefiero esto, que meterme con un cártel".

--¿A quién admira?
--A Felipe Calderón. A Francisco Villa, a Emiliano Zapata y al cura Hidalgo.

Mora curvea su mano para simbolizar los motivos de admiración por Calderón: "Porque tuvo los suficientes para enfrentar al crimen organizado.

Lo criticaron como me critican a mí. Tantas muertes y esto, lo otro, lo culparon, pero no fue eso. Lo que pasó que le puso el dedo en la colita del alacrán.

Se molestó y lo picó. Los demás, nadie se lo ponía. Unos porque recibían y otros porque tenían miedo.

--¿Usted tiene el antídoto para el alacrán?
--El antídoto es el gobierno, unido con sus ciudadanos. Ese es, no lo tengo yo.

--¿Va a entregar las armas, si se lo piden?

Hipólito da un sorbo de agua. "Cuando mueran los líderes de los Caballeros Templarios, o cuando los tengan en la cárcel", responde.

--Dicen que han muerto unos, pero otros dicen que están vivos.

El líder de las Autodefensas menea la cabeza en sentido negativo y estira el brazo izquierdo y muestra su muñeca. "¿Cómo se llama esto?", inquiere.

--Reloj, se le dice.
--¿Está seguro? Así estoy de seguro de que viven.

"Nazario (Moreno, alias "El Chayo", líder templario presuntamente asesinado en 2010) vive", y señala con su índice hacia afuera de la casa.

"Vive, y no tenga ninguna duda", remata.

 

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