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Cuando el morbo se tornó en desencanto

El debate del pasado domingo entre quienes contienden por la presidencia de la república fue tan gris que si no hubiera sido por los “memes” no hubiese llegado siquiera a trascender como tema de conversación en la sobremesa del día siguiente.
miércoles, 25 de abril de 2018
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Estela Casados González

El debate del pasado domingo entre quienes contienden por la presidencia de la república fue tan gris que si no hubiera sido por los "memes" no hubiese llegado siquiera a trascender como tema de conversación en la sobremesa del día siguiente.

Lamentable porque las propuestas para abatir la inseguridad, arrancar del submundo de la pobreza a más de la mitad de la población, abatir la corrupción y desarticular al emporio económico del crimen organizado, brillaron por su ausencia.

Solo hubo pequeños chispazos que dejaron sin manos a más de uno.

Obviamente, las propuestas para abatir las violencias contra las mujeres ni siquiera fueron tema para agotar los escasos minutos de quienes sabían que cada segundo contaba.

Prefirieron hacer lo de siempre: ignorar a más de la mitad del padrón electoral.

Solo la "bondad" de una frase hecha y dicha sin el mayor sustento constituyó la mención del "tema de género", o cualquier cosa que entendamos por ello.

Así, las grandes ausentes en el primer round del debate presidencial fuimos nosotras, las mexicanas. Los doce estados de la república que cuentan al menos con una Declaratoria de Alerta de Violencia de Género quedaron en el olvido del repentismo mediático que exige denostar, exhibir y fanfarronear para convertir al tan esperado debate en una caricatura desangelada.

Los temas pendientes son muchos. En ellos nos va la vida. En ellos se vulneran o fortalecen nuestros derechos.

Me hubiera gustado observar un debate en torno a las estrategias para abatir las violencias contra las mujeres, lo que harán para que la alertas de violencia de género funcionen, para que no asesinen a siete mexicanas cada día o para que esta cifra se reduzca drásticamente.

Gane quien gane las elecciones, esta ausencia marca el desdén de quienes contienden por ocupar la presidencia de la república hacia aquellas que acudiremos a las urnas el próximo 1 de julio.

No hubo, y, al paso que vamos, no habrá estrategia política para abatir la violencia de género y para garantizar la seguridad de la población en general.

Lo superficial alcanzó la notoriedad ante el espejismo de propuestas que jamás se alcanzaron a formular.

Al igual que millones de mexicanas, poseo credencial de electora y votaré el próximo 1 de julio. Ni duda cabe. Me pregunto si quienes contienden por un puesto de elección popular lo saben.

Actúan como si lo supieran y no les importara.

 

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