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Klopp vuelve a contragolpear a Pep

Un trabajado Liverpool, reproducción del Dortmund de 2011-15, no desaprovecha la ventaja lograda en Anfield ante el City
miércoles, 11 de abril de 2018
Por: Agencias
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El 27 de julio de 2013, Pep Guardiola dirigió y perdió su primer partido oficial con el Bayern a manos de un equipo que lanzaba contragolpes fulgurantes.

Aquel Dortmund, obra de Jürgen Klopp, asombró al entrenador español en su amargo debut. "Nunca vi nada igual", dijo el técnico, señalando unas celadas, unas maniobras de presión coordinadas a la perfección y unos ataques incontenibles.

Los mismos movimientos, ejecutados por otros hombres, que este martes dejaron al Manchester City fuera de las semifinales de la Champions. Descarrilado de su trayectoria por el nuevo equipo de Klopp, un Liverpool aguerrido y disciplinado que hace el pressing como se hace en la cuenca del Rhür, y al que corona un jugador sublime: el gran Sadio Mané.

Dijo Guardiola que para remontar hacía falta completar el partido "perfecto", Lo cierto es que, tras la perfección alcanzada por el Liverpool en Anfield, el 3-0 convertía las aspiraciones perfeccionistas del City en una quimera.

Obligado a buscar goles en campo abierto, el equipo de Manchester se exponía al castigo redoblado.

El planteamiento de Guardiola evocó soluciones empleadas con el Bayern para contrarrestar las trampas del Dortmund en 2015. Consistió básicamente en superpoblar el mediocampo con seis jugadores y tapar los carriles frontales con tres centrales.

La idea pretendió poner una red de seguridad allí donde Klopp manda hacer el pressing, que normalmente es en el medio. El Liverpool se embosca, se cierra y provoca el error en las zonas próximas al eje del campo.

Con Laporte, Otamendi y Walker como marcadores centrales y Fernandinho por delante, el City se resguardó en previsión de calamidades. El plan comenzó funcionando.

Durante una hora el Liverpool se vio desbordado. Sin poder sacar el balón jugado, sin que las recuperaciones de balón desencadenaran en nada productivo, y encajando un gol nada más saltar al campo.

Sterling desbordó por la derecha y Jesús marcó el 1-0 solo ante Karius.

El Etihad rompió a gritar. El entusiasmo se apoderó de la gente y de los jugadores, desatados en un ejercicio ininterrumpido de presión, toque y desmarque.

Los jugadores del City se dejaron hasta la última gota de energía en el intento por remontar el aluvión. Casi lo logran. Fernandinho, De Bruyne, Silva, Sterling y Sané rebasaron las vigilancias de sus oponentes, casi siempre en inferioridad numérica en el mediocampo.

Klopp intentó compensarlo bajando a Firmino y Mané a ayudar a los laterales, y subiendo a los laterales Arnold y Robertson para que colaborasen con los interiores.

Por los costados se abrieron huecos que Sané por la izquierda y Sterling por la derecha no desaprovecharon. Además del gol se sucedieron las ocasiones.

Un palo de Bernardo, un gol anulado a Sané -por un fuera de juego inexistente-, y una lluvia de centros.

Guardiola lamentó la decisión del árbitro, el español Mateu Lahoz, de no conceder el gol. "No podía ser fuera de juego de Sané porque el balón antes tocó en Millner", dijo el entrenador.

"Conocía a este árbitro de España. Podía esperar algo como lo que ha hecho hoy" Mateu Lahoz expulsó a Guardiola porque le discutió la decisión de anular el gol.

La eliminatoria estaba en un hilo cuando Millner organizó la contra. Fue un pase largo desde su campo, de izquierda a derecha, un control de Salah y una entrega para Mané, que rompió a la defensa local.

El senegalés hizo una conducción a lo Messi, se filtró entre Fernandinho y Otamendi con el balón pegado al pie, y solo Ederson pudo salvar el mano a mano con un manotazo.

La pelota quedó suelta y Salah, el mayor oportunista del año junto con Cristiano, remató a la red. Desde la banda, el expresionismo de Klopp se limitó a un apretón de puños.

El técnico contempló el festejo de los rojos ajustándose las gafas de plástico. Con la tranquilidad de quien se sabe en semifinales.

El City necesitaba meter cuatro goles más para remontar.

El gol de Firmino, que le robó la pelota a Otamendi, empujó al público hacia los vomitorios a falta de 20 minutos para el final. Como diría Guardiola, hasta ayer dominador absoluto del fútbol británico: S'ha acabat el bròquil.

Se acabó lo que se daba.

Man City vs Liverpool 1-2 

 

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