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¿Nuestras tradiciones?

Cuando era niña había una película muy afamada, se llamaba “Violinista en el tejado”. Su primera escena era una parte musical en la que toda una familia y su comunidad cantaban “Tradición, tradición”, como uno de los valores más importantes del pueblo judío.
miércoles, 27 de diciembre de 2017
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Por: Harmida Rubio

Cuando era niña había una película muy afamada, se llamaba "Violinista en el tejado". Su primera escena era una parte musical en la que toda una familia y su comunidad cantaban "Tradición, tradición", como uno de los valores más importantes del pueblo judío.

En México también es un asunto importante. Siempre se dice que somos un país de tradiciones, y se nos repite constantemente desde la infancia que hay que preservarlas.

Hay muchas y muy variadas tradiciones en México: Por ejemplo las fiestas de la Santa Magdalena en Xico, donde se hacen grandes y hermosos tapetes de flores en la calle principal, para lo cual días antes los hombres son los encargados de "recoger la flor"; a las mujeres les está prohibido hacer esa labor en los campos, porque "pueden manchar la flor".

Existe la tradición del vuelo de los voladores de Papantla, que son 5 varones que se suben a un poste muy alto, y uno de ellos en la cima toca una melodía con una flauta, y los demás se despliegan atados de los pies a una cuerda, y vuelan por los aires dando vueltas.

Casi nunca lo hace una mujer, porque dicen que es de mal agüero y que alguno se podría accidentar. En Chiapas está la tradición de las Chuntá, en ella, pocos días después de la navidad, los hombres del pueblo se visten de mujeres con trajes típicos y trenzas y desfilan y bailan por las calles, disfrutan por un día de vivir su parte femenina.

Pero las mujeres del pueblo no pueden bailar entre ellos, solamente pueden asistirlos en la preparación de su vestido, peinado y maquillaje. Incluso a las más jóvenes les está prohibido asistir hasta tarde a esa fiesta.

Hay otras de otro tipo, que tienen como protagonistas a las mujeres, como la del rapto, en la que el novio se roba a la novia días antes de la boda y tiene sexo con ella, y a la mañana siguiente, la pareja debe colgar una sábana manchada de sangre en el exterior de la vivienda, para que toda la comunidad sea testigo de que la muchacha era virgen.

Fuera de México existen también tradiciones muy curiosas, incluso algunas se han llevado al cine. Hay una película de Hollywood que trata sobre una tradición irlandesa, en la que los años bisiestos y solamente el 29 de febrero, pueden ser las mujeres las que le pidan matrimonio a los hombres.

Un día cada cuatro años para poder tomar la iniciativa. El día de Sant Jordi en Cataluña, a los hombres las mujeres les regalan un libro, y ellos a ellas, una flor.

Unos leen y las otras suspiran.

Hay algunas más urbanas y contemporáneas, como aquella de oficina que marca que en los convivios de la empresa las mujeres deben llevar la comida y los hombres la bebida.

En algunos grupos de amigos, cuando hacen reuniones de parejas, por un lado se reúnen los hombres a hablar de "temas importantes" y por otro las mujeres, a hablar de la casa, los niños, tips de belleza, y si bien nos va, de las mascotas.

En las cenas de navidad, año nuevo, quince años, velorios, bautizos y demás, son en gran medida las mujeres las que organizan la preparación de la comida y la recogida del tinglado al terminar los eventos.

Es verdaderamente raro ver al tío o al papá preocupados recogiendo vasos sucios y lavando platos en la madrugada, para que no se les junte en trabajo a la mañana siguiente.

Yo me pregunto ¿de quién son estas tradiciones? ¿estamos de acuerdo con ellas? ¿por qué para muchos pueblos es tan grave cuestionarlas? ¿por qué tenemos que preservarlas si muchas de ellas nos siguen manteniendo a las mujeres en un lugar inferior?

Hay varios estudios acerca de la identidad de los pueblos que dicen que son las tradiciones una parte muy importante para construirla. La repetición una y otra vez de la misma cosa, va formando lo que creemos ser, o lo que nos han dicho que somos.

También son una de las maneras más efectivas de que las cosas se mantengan como están, de que no cambien. De hecho, el cambiar una tradición es mucho más difícil y lento que cambiar una ley.

Son como de piedra, construidas año tras año. Las tradiciones dicen mucho del machismo de los pueblos.

No niego que hay tradiciones hermosas que he aprendido a conocer y a valorar de mi país y de otros, como la del día de muertos, en la cual en México celebramos a quienes ya se fueron y lo hacemos de manera alegre.

O la del día de San Joan, en el mediterráneo, en la que la gente se va a la playa y pide deseos y baila entre las fogatas hasta el amanecer.

Y entonces, nosotras como mexicanas, latinoamericanas o de cualquier nacionalidad, y como mujeres, ¿de qué tradiciones estamos hechas? ¿cuáles refuerzan nuestra dignidad? ¿cuáles nos hacen sentir bien con nosotras mismas? Seguramente existen algunas en las que las mujeres tenemos algún papel más interesante, más activo y festivo, en las que no tengamos que ser vírgenes o santas para que nos alaben y nos festejen.

Si hay alguna de esas tradiciones, me gustaría conocerla.

Sería bueno empezar a crear nuevas tradiciones. Por ejemplo una en las que las niñas cuenten cuentos en la plaza del pueblo, o alguna que trate de que las mujeres mayores se metan al mar antes que nadie para inaugurar la fiesta, u otra que invite a las mujeres a irse a conocer el mundo antes de asentarse en un lugar.

Hoy son cosas que siguen sonando raras, pero ojalá poco a poco vayamos construyendo como sociedad otras maneras de celebrar nuestra tierra y nuestro ser mujeres de manera más digna, libre y festiva.

 

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