De razones y pasiones

Rafael Pérez Cárdenas

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Frente Ciudadano, en terapia intensiva

Con el destape de José Antonio Meade ya tenemos a dos de los tres competidores con aspiraciones reales de alcanzar la Presidencia de la República. La nominación de Andrés Manuel la conocemos desde el día siguiente a que perdió la elección allá por julio de 2012; la de José Antonio Meade, fue una candidatura que fue madurando en medio de la resistencia de la nomenclatura priista, la misma que hoy lo arropa sin recato.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
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Con el destape de José Antonio Meade ya tenemos a dos de los tres competidores con aspiraciones reales de alcanzar la Presidencia de la República.

La nominación de Andrés Manuel la conocemos desde el día siguiente a que perdió la elección allá por julio de 2012; la de José Antonio Meade, fue una candidatura que fue madurando en medio de la resistencia de la nomenclatura priista, la misma que hoy lo arropa sin recato.

En cambio, en el Frente Ciudadano por México no se ve para cuando. Si bien los tiempos legales no urgen -incluso podría haber candidato allá por el mes de febrero-, la competencia final ya arrancó.

Si no lo resuelven antes de las fiestas decembrinas, para entonces el candidato nacería muerto.



Andrés Manuel está en el tope de su popularidad, como hace seis años. No tiene nada nuevo que ofrecer o que decir; todos los mexicanos -simpatizantes o no-, conocen muy bien su discurso.

Sus posibilidades de ganar son reales, aún cuando no estén muy claras las razones, salvo que es la única opción al modelo económico y social de los últimos treinta años.

Aunque muchos temen que la medicina salga peor que la enfermedad.

Por otro lado, la designación de Meade ha acelerado los tiempos políticos y electorales; también ha recompuesto el equilibrio de fuerzas.

A nivel público, Meade se ha convertido en una especie de caballo negro con tantos atributos como defectos; la mayoría de los primeros reales, la mayoría de los segundos, supuestos.

Su recepción en la opinión pública ha sido buena, sobre todo de aquéllos que se identifican como apartidistas.

En la lógica de las encuestas y las preferencias electorales, López Obrador está en su tope; Meade empezará su ascenso, como seguramente se observará ahora que ya el PRI tiene a su candidato.

Y aunque será una elección de vértigo, faltan muchos días para llegar a mayo, cuando las encuestas estén al rojo vivo. Mientras, la candidatura del Frente está en punto muerto, sin rostro.

Contra todos los pronósticos, el PRI logró ponerse de acuerdo para postular a un candidato externo, en cambio, el Frente Ciudadano ve cada vez más difícil la postulación de algunos de los dirigentes partidistas que lo integran.



La salida de la dirigente nacional del PRD, Alejandra Barrales, en la primera semana de diciembre pondría a Ricardo Anaya al borde del precipicio.

Además, la candidatura de Anaya sería vista como una imposición por parte del resto de los aspirantes -Miguel Ángel Mancera y Rafael Moreno Valle, principalmente-, lo que podría adelantar el sepelio de la coalición.

El PAN está fracturado y al parecer, el Frente Ciudadano por México no tarda en hacerlo. Tal vez por ello, el propio José Antonio Meade se refería que ya visualizaba quien llegará a la final, descartando que el candidato del Frente Ciudadano sea uno de ellos.

Tal y como estaba planeado, la elección será frente a Andrés Manuel.

Cuando faltan muchos días para el verano electoral, el invierno político abraza al Frente. Las voces para frenar la candidatura de Ricardo Anaya se multiplican: si primero hubo una desbandada al interior del PAN -muchos de los cuáles han empezado a sumar sus aspiraciones al abanderado priista-, ahora esa desbandada podría alcanzar al PRD.

En el caso de Movimiento Ciudadano, Dante espera con sigilosa frialdad el desarrollo de los acontecimientos.

El Frente Ciudadano por México está en medio de jaloneos entre los propios liderazgos del PAN, del PRD y de Movimiento Ciudadano (MC) que lo impulsan para competir en coalición en las elecciones de 2018.

Figuras como el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera; el exgobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle; el alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, y la dirigencia nacional del Partido Nueva Alianza (Panal) han manifestado inconformidad por el rumbo que va tomando la definición de las candidaturas.

Al exterior, Andrés Manuel también les ha extendido acta de defunción, tratando de recuperar algo de un perredismo confundido, desarticulado y sin rumbo.

En Veracruz, para nadie es un secreto que la debilidad del Frente también implica la debilidad de Miguel Ángel Yunes. Cuando la felicidad inundaba los rostros de los dirigentes nacionales del frente -incluido a su viejo adversario Dante Delgado-, se daba por descartada la candidatura del presidente municipal de Boca del Río.

Hoy eso no es tan seguro.

Si el Frente se rompe a nivel nacional, el Gobernador de Veracruz tendrá que ir solo a la elección. Lo puede hacer. Cuenta con los recursos y el control de los poderes fácticos.

Hará una elección de estado sin importar si en eso le va la vida política, a fin de cuentas, ya ha sobrevivido muchas veces. Sin embargo, la situación de violencia que vive el estado y la polarización de los grupos internos del PAN y el PRD hacen que la elección esté completamente abierta.

El calendario electoral marca como límite el 13 de diciembre para solicitar el registro de alianzas partidistas a nivel nacional; esto significa que en menos de dos semanas estos partidos deberán definir cómo enfrentarán a las candidaturas de José Antonio Meade en el PRI, y Andrés Manuel López Obrador en Morena.

La historia del estado de México podría repetirse a nivel nacional: PAN y PRD podrían ir con candidatos distintos, ajenos, lo que los llevaría a un lejano tercer lugar.

El Frente Ciudadano por México está en terapia intensiva.

La del estribo...

  1. Dejar sin seguridad pública a los municipios que no se someten a la voluntad del Gobernador no sólo es un acto irresponsable sino ilegal. Más allá de la relación que tenga con los alcaldes -en este caso, los de Xalapa-, el Gobernador no puede desconocer los acuerdos firmados para proporcionar seguridad. El gobierno estatal no sólo tiene la responsabilidad operativa sino que también maneja los recursos económicos que llegan de la federación. Así que ya saben a qué atenerse las nuevas autoridades municipales.

  2. El gobierno de Veracruz sigue confundido, arrogante y violento. Ayer se informó que tres alcaldes y un ex secretario de despacho han declarado en la investigación por el homicidio del alcalde de Ixhuatlán de Madero. La carpeta sólo alimenta dudas: ¿están investigando el robo de los enseres del gobierno anterior o el homicidio del presidente municipal? La justicia sigue siendo sólo un instrumento de revancha.

 

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