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Jojutla le teme al abandono

El Hotel Imperial de Jojutla bajó sus tarifas. Una habitación de mil 150 pesos costó este lunes 700. "Se nos vació el hotel", dijo una recepcionista.
martes, 26 de septiembre de 2017
Por: Agencias
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El Hotel Imperial de Jojutla bajó sus tarifas. Una habitación de mil 150 pesos costó este lunes 700. "Se nos vació el hotel", dijo una recepcionista.

No nada más el hotel. El Municipio morelense más afectado por el sismo de hace una semana casi se quedó en el abandono.

No hubo las camionetas con jóvenes de pico y pala que pasaran cantando el "Cielito lindo", ni las brigadas de ingenieros que un día antes iban a la zona cero, ahí donde según el alcalde, Jesús Sotelo, hay más de 2 mil casas destruidas y hasta 80 por ciento de los negocios cerrados.

"Desde ayer no hemos recibido ninguna despensa", lamentó Alma Esther Álvarez, voluntaria en el refugio de la Alameda, uno de los cuatro habilitados en Jojutla.

Ahí, uno de los 20 en todo el estado, comen mil 200 personas y duermen 200 cada noche, según el representante del DIF, Rogelio Figueroa. El resto se regresa a sus casas, aunque algunos tengan que dormir afuera porque ya son inhabitables.

Algunos se tratan las crisis nerviosas o la hipertensión en la clínica gratuita que montaron estudiantes de la Universidad Autónoma de Nuevo León, que también se marcharan este martes.

"Invitamos a otros estudiantes a que vengan, no es bueno dejar a la población sin este tipo de servicio", dijo Nelly Esparza.

El lunes después del temblor amaneció muerto. A pesar de que comenzó el censo oficial de casas dañadas. Antes habían pasado las brigadas de jóvenes, luego el Colegio de Ingenieros y ahora los de la Sedatu, haciendo casi las mismas preguntas y dando el mismo veredicto y la misma falta de respuesta: la casa no es habitable, pero no sabemos cuándo será la demolición ni cómo el apoyo.

La Federación de Asociaciones Civiles y Organizaciones Sociales (FAOS) montó una carpa para hacer su propio censo de comercios destruidos.

Su presidente, Israel Rafael Pérez, calculó unos 5 mil negocios afectados. "Esto no se recupera ni en un año", dijo.

La señora Guillermina Paz tuvo que abandonar su centro de copiado. Todavía trae vendada una mano. En el primer temblor perdió el negocio, con la réplica del sábado se rompió el brazo.

El Municipio, cuya sede tendrá que ser demolida, sacó sus escritorios y se instaló en la plaza a expedir actas de defunción y de nacimiento.

Aunque los familiares de la señora Ruth Almanza, fallecida el día del sismo, no lograron sacar su acta, pues en el hospital dijeron que nació en Guerrero y en su credencial del INE aparece la dirección de Jojutla.

Al final del día, el Municipio que tuvo al menos 17 muertos expidió sólo dos actas de defunción y una de nacimiento.

Entre el derrumbe, los habitantes se dejaron llevar por la vida corriente. Abrieron torterías y cafés, los vendedores de chips de celular volvieron a caminar por la plaza.

Llegaron predicadores a quienes se sumó un ingeniero de la Secretaría de Movilidad de Morelos, quien atribuyó el sismo a un castigo divino por la aprobación, hace un año, del matrimonio gay en el estado.

Entre las ruinas de la zona cero, bajo el sol de casi 40 grados, podían oírse los pasos. Quedaron en las paredes cartulinas de agradecimiento a los jóvenes que un día antes hicieron creer que no estaban solos: "Jóvenes: el pueblo de Jojutla les da las gracias".

El abandono fue comentado por la responsable de comunicación del Municipio: "Lo que pasa es que esto va disminuyendo poco a poco, poco a poco, hasta que nos quedamos solos".

Cerca de la noche, los predicadores cantaban todavía en la plaza central. Se les sumó incluso la coordinadora de las brigadas que hace unos días retiraban cascajo: "El fuego cae, cae, cae, los males salen, salen...".

Después del sismo, las notas periodísticas comparaban a Jojutla con una zona de guerra por sus casas destruidas, el polvo, la basura y el cascajo.

A partir de ayer, con escenas parecidas, se podría de decir que comenzó otra guerra, contra el abandono.

 

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