De razones y pasiones

Rafael Pérez Cárdenas

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La marca Héctor&Pepe

Amigos entrañables en sus inicios, de formación priista, ambos presidentes estatales del PRI y gobernadores de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares y Fidel Herrera Beltrán comparten hoy otro propósito: el exterminio del PRI en Veracruz.
lunes, 11 de septiembre de 2017
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Amigos entrañables en sus inicios, de formación priista, ambos presidentes estatales del PRI y gobernadores de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares y Fidel Herrera Beltrán comparten hoy otro propósito: el exterminio del PRI en Veracruz.

El Gobernador se lo ha dicho a todos quienes lo han querido escuchar, incluso a viejos camaradas priistas que se han acercado, suponiendo que están exentos del ánimo de revancha de Miguel Ángel.

Por su parte, Fidel sabe que los excesos cometidos y el escándalo de corrupción lo han alcanzado, aún cuando se mantenga oculto en el Veracruz profundo; por eso ha comprado la franquicia del Partido Verde en Veracruz para entregarla a su hijo, y con su camarilla, operar con la estructura histórica del PRI.



El Partido carece de liderazgos, estructura y dinero, que son las tres herramientas básicas necesarias para competir en cualquier elección.

El próximo año, muchos de los candidatos no irán con la idea de recuperar al PRI, sino de pelear individualmente por su propia supervivencia a través de un cargo de elección.

Si Vicente Fox y Felipe Calderón no lograron desarticular el régimen priista, entre Miguel Ángel y Fidel desmantelaron en muy pocos meses lo que hasta hace unos años era una maquinaria electoral infalible en Veracruz.

Luego de la derrota ante Vicente Fox en el año dos mil, el PRI logró resistir dos gobiernos panistas antes de regresar a la Presidencia. La clave fueron el Congreso de la Unión y la fuerza de sus gobernadores.

En el primer caso, la dupla Beltrones-Gamboa se mantuvo todo ese tiempo como el factor de decisión. Nada pasaba si ellos no aportaban su minoría de votos en un sentido o en otro: reformas, leyes, presupuestos, nombramientos...

Por su parte, los gobernadores se empoderaron de tal forma que crearon una especie de Virreinatos donde no tenían ningún contrapeso. Controlaban a placer los congresos, al poder judicial, y lógicamente, al PRI en sus estados.

Y así lo hubieran hecho por mucho tiempo si no hubieran encumbrado a una generación de jóvenes e inexpertos, deslumbrados por el poder y el dinero.



Por eso es que la situación del PRI veracruzano es de una auténtica agonía. Las razones que mantuvieron vivo al PRI a nivel nacional, aquí no existen.

La fracción parlamentaria en el Congreso local es una minoría anodina, dispersa y sin liderazgo, avasallada por una burocracia panista voraz, como se vio en la decisión de conservar contra viento y marea la coordinación de la Junta de Coordinación Política.

En el caso de las presidencias municipales, el PRI prácticamente fue borrado del mapa. Aunque gobernará una parte importante de Ayuntamientos, la verdad es que perdió todas las plazas claves, las ciudades con mayor presupuesto y que son cabeceras distritales en la geografía electoral.

En consecuencia, frente al gobierno estatal, no hay contrapeso alguno: ni el partido, ni el Congreso y menos aún las presidencias municipales. Las únicas voces que confrontan abiertamente al gobierno por el caos político, financiero y de seguridad que hoy padecemos, han sido precisamente Héctor y Pepe.

Por tanto, la empresa -rescatar al PRI y la gubernatura- debe ser constituida por los únicos actores que hoy cuentan con capital político suficiente.

Héctor&Pepe es la única marca que puede ser ofrecida a los electores. Sus socios principales tienen capital y prestigio. Están probados en elecciones; son los veracruzanos con las mejores relaciones en el altiplano, que conjuntan a la mayor parte de los grupos políticos locales y gozan de la simpatía de los medios.

De tal forma, Héctor&Pepe se debe convertir en la marca propia que no cargue con los negativos del PRI. "El problema es la marca" dicen una y otra vez los analistas y mercadólogos respecto del futuro del tricolor.

Pues entonces, la solución es cambiar de marca sin cambiar de partido.

Por las condiciones del mercado electoral, Héctor necesita a Pepe y Pepe necesita a Héctor. Es cierto, también necesitan del trabajo y apoyo de muchos más, de otros inversionistas.

Pero si entre ellos no alcanzan un acuerdo sólido, que se respetado por todos, entonces no habrá ninguna posibilidad de triunfo el próximo año.

Sea quien sea el candidato debe escoger a los mejores para ganar, aunque no sean de su equipo. Se necesita al mejor gerente, al mejor vendedor, la mejor red de distribución, al mejor en logística y transporte.

A los mejores, no importa donde estén. Ya habrá tiempo para compensar a los amigos el sacrificio, la lealtad y los años de lucha. Hoy lo importante es ganar.

Un resultado adverso en la elección estatal del próximo verano podría enviarles a un prolongado exilio a la capital del país, siempre y cuando el PRI mantenga el gobierno federal.

De lo contrario, es posible que ni siquiera eso.

Amigos entrañables, de formación priista, ambos presidentes estatales del PRI, senadores y aspirantes al gobierno de Veracruz, Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla comparten hoy otro propósito: devolver a Veracruz la decencia.

En eso radica la diferencia de unos y otros.

La del estribo...

El grotesco reparto de despensas por parte de una apócrifa asociación civil llamada "Yunete" ha sido un verdadero escándalo; funcionarios estatales disfrazados de voluntarios no hacen otra cosa que repetir una y otra vez el pasado reciente que tanto criticaron.

Son lo mismo. No sólo se compran votos, sino también a autoridades electorales que tienen el mismo padecimiento: ciegas, sordas y mudas.
La maniobra legislativa del PAN para mantener la Junta de Coordinación Política es de una inmundicia total.

Nunca antes vista y si no pregúntenle a Cambranis. No sean cínicos, no tiremos miles de millones de pesos en elecciones para que al final se acomoden para conservar privilegios.

Ojalá la Suprema Corte emita un fallo que nos devuelva la decencia.

 

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