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La locura del Barcelona puede con el Valencia

Desde el remonte frente al PSG, el equipo azulgrana juega al abordaje y con eso le bastó para superar a un Valencia en inferioridad numérica durante una parte entera
lunes, 20 de marzo de 2017
Por: Agencias
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Al Barça le ha dado un ataque de locura, como si tuviera que marcar seis goles a cada partido, embrujado todavía por su remonte contra el PSG.

La excitación es máxima en el Camp Nou, una sensación extraña en un equipo que pisó la cima del mundo desde la cordura, racional por excelencia, acusado a veces de excesivamente quieto, muy cambiado desde la catástrofe de París.

Nadie diría que ya se acabó el duelo de Champions. El Barça ataca igual contra 10 que ante 11, lo mismo le da que el partido vaya 0-1 que 2-2 o 3-2, como si no pudiera parar, víctima de la prisa en Europa y en la Liga.

Se ha convertido el Barcelona en un equipo a corto plazo cuyo horizonte es el Bernabéu, escenario del clasico el 23 de abril, el partido que puede resolver la Liga.

Así que hasta entonces juega dos choques trepidantes cada jornada, el suyo y el del Madrid, a fin de poder llegar al campo del líder con opciones de revalidar el título tras asegurarse la final de Copa y sobrevivir en Europa.

Hay que afrontar cada encuentro como si fuera el último, circunstancia que de momento invita al técnico a arriesgar con el equipo del 6-1. No es extraño por tanto que haya tanto vértigo en el Camp Nou.

Aunque el 3-4-3 con rombo resulte familiar en el Camp Nou desde los tiempos de Cruyff, no parece un plan muy pensado, ni es consecuente con el perfil de la plantilla, ni tampoco tiene que ver aparentemente con la cultura de La Masia.

La cuestión, sin embargo, es que funcionó como revulsivo en Europa. Luis Enrique supo activar al equipo y la hinchada recuperó la fe cuando advirtió que se habían acabado las rotaciones: nadie tiene dudas sobre cuáles son los titulares por más extraño que parezca jugar sin laterales y, además, con Rafinha en el puesto de falso 7, dos asuntos que dejan a la intemperie la banda derecha del Barça.

Rakitic, que no es Sergi Roberto y mucho menos Dani Alves, tuvo que recogerse a menudo como lateral, o clásico 2. La inestabilidad defensiva condicionó el despliegue del Barça por las veloces transiciones del Valencia.

Muy bien resguardados, los muchachos de Voro contraatacaban rápido por los costados y presionaban bien la salida del balón de los azulgrana, que se mostraban intensos, concentrados y esforzados cada vez que pasaban la divisoria y apuntaban a Diego Alves.

El partido tenía ritmo y las situaciones de riesgo se sucedían en las porterías, también en la de Ter Stegen.

Espléndido Ter Stegen

El meta estuvo espléndido en un tiro de Carlos Soler y en un mano a mano con Munir, habilitado por el saque de portería de Alves. La jugada acabó en saque de esquina y acto seguido en el 0-1.

Los azulgrana no paran de encajar goles desde el banderín de córner: ya van cuatro desde el Villamarín. El Valencia fue igual de certero que el Betis y el Deportivo después de que Mangala cabeceara el centro de Parejo.

La respuesta del Barça fue casi instantánea por parte de Luis Suárez, convertido en el jugador bandera del Barcelona.

Un saque de banda permitió al pillo Neymar habilitar al uruguayo ante la inopia de Garay. El 9 dejó correr la pelota y sin control previo la cruzó de rosca al poste izquierdo y a la red.

El Barça se cogió de la zamarra del charrúa, tan poderoso como virtuoso, imparable en el desmarque y en la manera de atacar los espacios, y arrambló al Valencia.

El 2-1 llegó después de que Luis Suárez, validado por Messi, sorprendiera por la espalda a Mangala y forzara la expulsión del central y un penalti que no perdonó el 10.

A punto de alcanzar el descanso, el partido parecía quedar a pedir de boca para el Barcelona. Ocurrió que el Valencia, incluso desde la inferioridad, perseveró en picar el flanco derecho del Barça.

Carlos Soler leyó el desmarque de Gayá y su centro lo empujó Munir: 2-2.

Voro retiró entonces a Orellana para dar entrada a Abdennour y defender con cuatro zagueros mientras los azulgrana no paraban de atacar, ni siquiera después que Messi metiera el 3-2.

El 10 se cambió la pelota de pie para armar el tiro con la derecha ante Alves. El tanto, sin embargo, nada cambió porque si no empató Munir fue porque le rebanó el cuero Piqué.

No había quien pusiera un momento de control y pausa en el Barça.

Los azulgrana no se corrigieron con los cambios sino que continuaron entregados a un peligroso intercambio de golpes hasta el penúltimo minuto de partido cuando André Gomes se estrenó como goleador tras una jugada maravillosa de Neymar.

Ambicioso, por no decir voraz, y nada riguroso ni académico, el Barça jugó con fuego, concedió demasiado campo y balón al Valencia, que incluso en una situación de inferioridad se permitió poner en escena a Zaza, convencido de que podía empatar por la generosidad del Barça.

El correcalles duró más de media hora por la falta de puntería de los chicos de Luis Enrique.

El gol de André Gomes fue como un sedante después de una noche para no dormir, como si el Barça quisiera recuperar en dos días el tiempo perdido durante meses, seguro de que si los partidos se deciden por las ocasiones y no por el juego puede ganar también la Liga.

A ver qué pasa en Granada sin Messi, que forzó la quinta tarjeta. Los Cármenes no es el Camp Nou. Ahora mismo está convencido de que la mejor defensa es un buen ataque desde lo del 6-1.

 

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