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"Pensar juntas para habitar juntas"

El espacio público es el lugar de la ciudad donde la ciudadanía se manifiesta. Hombres y mujeres. Pero ¿realmente es así? ¿Podemos nosotras manifestarnos social, cultural y políticamente como ciudadanas en la ciudad?
miércoles, 1 de marzo de 2017
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Harmida Rubio Gutiérrez

El espacio público es el lugar de la ciudad donde la ciudadanía se manifiesta. Hombres y mujeres. Pero ¿realmente es así? ¿Podemos nosotras manifestarnos social, cultural y políticamente como ciudadanas en la ciudad?
Las condiciones en las que está diseñada la ciudad y sus espacios públicos, muchas veces no toman en cuenta nuestros tiempos, actividades, energía y gustos.

Ya mucho se ha dicho que el espacio público culturalmente se ha asignado a los hombres y el privado a las mujeres. En pleno siglo XXI, cuando ya hemos ganado espacios en la educación y en el trabajo, éstos no acaban de darse en la ciudad.
Silvia Soto, investigadora de la UAM, dice que en el espacio público lo que causa controversia y conflicto es la extrañeza de que las mujeres no estén ejerciendo su rol tradicional como reproductoras.

Es decir, una mujer que trabaja, que no es madre, que disfruta el paseo sola o con amigas, en fin, que no se está haciendo cargo de la familia y los hijos en su casa, es cuestionada con actitudes y prácticas sociales en el espacio público, pero también es cuestionada y discriminada con la forma de estos espacios, que la excluyen y amenazan en su mayoría.
El acoso callejero, la dificultad de movernos en ciertos lugares por como están diseñados, las pocas opciones de lugares seguros para nosotras las 24 horas, dan cuenta de ello.
Ante este panorama, la sociedad y los gobiernos tienen esta asignatura pendiente en las ciudades mexicanas, pero nosotras también.
No nos hemos puesto a pensar en conjunto cómo nos gustaría que fuera nuestra ciudad, los lugares a los que acostumbramos ir, las calles, los parques, el transporte público.

Cómo podríamos transformarlos para que fueran amables y entrañables para la niña que juega, la joven que estudia y se divierte, la mujer adulta que busca un oasis de tranquilidad y la mujer mayor que busca contemplar el paisaje.

Así como para la adulta que juega, la niña que busca un oasis, la joven que contempla y la anciana que se divierte. No es que nunca nos hayamos puesto a pensar en lo individual en cómo es el lugar que deseamos habitar, pero no lo hemos hecho juntas.
No sería esta una solución total y única para los problemas que tenemos al habitar la ciudad, porque los conflictos que vivimos en ella son complejos y no dependen sólo de nuestra opinión; sin embargo, sí que es un paso que no hemos dado, el empezar a crear ese espacio (de pensamiento y de materia) en el que conversemos juntas cómo queremos habitar.
Somos todas diferentes, Sabemos que no hay una sola forma de ser mujer, por tanto no hay tampoco una sola manera de habitar los espacios públicos de nuestras ciudades.

Sin embargo, sí que podemos encontrar convergencias, ideas creativas en las que coincidamos. Esas son las que hacen falta para poder exigir no sólo ciudades seguras, sino ciudades nuestras, donde nos sentimos profundamente libres y ciudadanas.
Tenemos mil combinaciones de ser y habitar y todas ellas necesitan de lugares dignos y amables. Inventémoslos.

 

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