Uriel Flores Aguayo

0
Votos
Nota Aburrida
Nota Interesante
Instituciones débiles y peligrosas

Es de una gigantesca obviedad qué hay una crisis institucional en nuestro país, en el sentido más amplio; las elecciones no están garantizando representación legítima ni formación de gobiernos competentes; las cúpulas políticas y las instancias de desiciones andan por su lado, en el auto consumo, mientras la mayoría de la población enfrenta una problemática cada vez más compleja.
viernes, 20 de enero de 2017
Comparte esto en Facebook
Comparte esto en Twitter
Comparte esto en Digg
Enlarge Font
Decrease Font
Es de una gigantesca obviedad qué hay una crisis institucional en nuestro país, en el sentido más amplio; las elecciones no están garantizando representación legítima ni formación de gobiernos competentes; las cúpulas políticas y las instancias de desiciones andan por su lado, en el auto consumo, mientras la mayoría de la población enfrenta una problemática cada vez más compleja.

Es urgente un auténtico diálogo nacional, nada parecido al llamado "Pacto por México", sin maquillaje y vulgar cálculo de poder, que acerque posturas e intereses para conjuntar esfuerzos y enfrentar con mayor capacidad el cada vez más acelerado proceso de demolición de las institucionales.

Es alarmante, sumamente peligroso, que los grupos del narcotráfico impongan su ley en amplias zonas del territorio nacional y que rijan actividades sociales y de la autoridad.

A pesar del tiempo que lleva la utilización de las fuerzas armadas muy poco se ha avanzado en la preparación de las policías y en el comportamiento gubernamental en lo general.

La ciudadanía sigue siendo amenazada por fuerzas oscuras y delincuenciales, sometida a régimen de miedo y terror. No se ve convicción ni claridad, más bien todo lo contrario, en los distintos niveles de gobierno para hacer frente a la ola creciente de violencia que amenaza nuestra convivencia básica y ejercicio de libertades.

Hay excepciones, como en Veracruz, donde hay presencia cada vez más notable del Gobierno Estatal, asumiendo el papel de autoridad y garante de la ley que, por complicidad y corrupción, las administraciones recientes abandonaron para desgracia de la población que se vio azotada por violencia y temor.

Algo anda muy mal cuando hay tanto presupuesto público, tanto empleado gubernamental, tantos policías y soldados, tanto partido político, tanto diputado, tanto edil, etcétera, y no se refleja en niveles aceptables de seguridad ciudadana.

Se puede concluir que no funciona bien el aparato público ni se aplican correctamente las leyes. Hay gobiernos disfuncionales y sociedad huérfana, con imperio de grupos informales que aplican sus propias leyes.

Se vuelve inútil o prescindible todo el entramado público cuando no importan las leyes formales ante la fuerza de la delincuencia, cuando no es relevante sufragar ni por quien hacerlo, cuando los funcionarios se sirven de los cargos y los diputados se representan así mismos, entre otros fenómenos de ruptura entre el poder y la sociedad.

Urge visión de Estado, incluso apelarla para Peña Nieto, quien ocupará la presidencia todavía por casi dos años; hay que presionar para los acuerdos nacionales, de contenido trascendente, de cara al país, poniendo algo cada quien, sin ventajas grupales.

Es posible que no pase de ser una buena intención, que sea mal vista por los pragmáticos y por los sectarios, pero no hay tiempo para perderlo en especulaciones y evasivas, tampoco para apostar toda la energía a un solo acto como puede ser la elección presidencial del 2018.

Es un paso sincero al realismo y al compromiso amplio y generoso para enfrentar una situación inédita, grave y peligrosa. Estamos ante la tormenta perfecta: instituciones débiles e ilegítimas, crisis económica, hartazgo social y un Trump pendenciero y fascista.

Los efectos pueden ser devastadores para Mexico todo, en forma de convulsiones sociales. Deberíamos preocuparnos de eso y deponer las pequeñas mezquindades de poder.

No tiene sentido exponer nuestra tranquilidad por afanes mediocres de politiquillos huecos o voceros de ilusiones paradójicas, no es sano seguir con un juego democrático de fachada e inútil; los primeros en comprenderlo deberían ser los políticos, pero no lo van a hacer por si solos, lo asumirán hasta que sientan la presión social y la exigencia ciudadana concreta.

La población también debe instalarse en un aprendizaje democrático con carácter urgente, alejarse de tentaciones violentas de vía rápida que empeoren todo bajo un falso espejismo.

La justicia va con la verdad o no lo es, también es incluyente y de legalidad. No hay varita mágica o atajos revolucionarios, todo será producto de un proceso.

En tanto hay elecciones federales vamos, en nuestro caso, por las votaciones municipales, donde tendrá que vivirse una recomposición de los Ayuntamientos, eligiendo cabildos representativos, honestos, capaces y plurales.

En lo inmediato y pequeño, como son los Gobiernos municipales, deben ensayarse formas novedosas de gobierno, con auténticos servidores públicos, austeros y eficaces.

Es una gran oportunidad para elegir ediles que valgan como personas en si antes que las siglas que los postulen, para tener cabildos vivos y que no signifiquen costos excesivos para los contribuyentes.


Recadito: Solo los ciudadanos salvarán a los ciudadanos.

 

Opina sobre este artículo

Nombre   Email  
Título
Opinion