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Autocuidado, hip hop y autodefensa feminista

Este fin de semana fue cien por ciento feminista. Primero nos reunimos muchas mujeres interesadas en el feminismo y su incidencia política, sus retos y avances, en la ciudad de Veracruz. Fue muy positivo constatar que no estamos solas, que cada vez somos más, que somos muy diversas y que precisamente en esa diversidad, radica nuestra fuerza.
martes, 17 de enero de 2017
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Por Yadira Hidalgo González

Este fin de semana fue cien por ciento feminista. Primero nos reunimos muchas mujeres interesadas en el feminismo y su incidencia política, sus retos y avances, en la ciudad de Veracruz.

Fue muy positivo constatar que no estamos solas, que cada vez somos más, que somos muy diversas y que precisamente en esa diversidad, radica nuestra fuerza.

Justo al otro día, una compañera y yo viajamos a la hermosa ciudad de Puebla. Ahí asistimos a un taller, que más bien fue una cálida experiencia, en el que junto con otras mujeres reflexionamos sobre el autocuidado, la corporalidad y la autodefensa feminista.

La experiencia fue guiada por las Krudas Cubensi, un dueto de hip hoperas cubanas, feministas, activistas y veganas que promueven la integración y el respeto entre feminismos, es decir, hacer de nuestra diversidad nuestra principal fortaleza.

La sesión arrancó con la hermosa voz de Odaymara, mujer orgullosamente barbada, quien interpretó un canto orisha que fue acompañado por Olivia u Oliver, como se presentó la otra integrante de las Krudas.

La pregunta lanzada a la audiencia conformada por mujeres lesbianas, lesbofeministas, heterosexuales, separatistas y activistas de todos los frentes, fue una que nos cimbró a todas: Cómo incide el concepto que cada una tiene sobre su propia espiritualidad en el autocuidado.

No me considero una persona muy espiritual. Tal vez porque lo asocio a la religión y no profeso ni tengo interés en profesar alguna. Sin embargo, poco a poco, al escuchar a las presentes con sus diferentes experiencias, yo llegué a la conclusión que mi fijación por el aquí y el ahora, tenía que ver con esa parte espiritual que yo tanto he negado tener.

Escuchamos cosas muy interesantes sobre la espiritualidad, Olivia dijo que en Cuba, la normatividad es atea, por lo que la religión se volvió underground y por lo mismo atractiva para quienes no estaban de acuerdo o no "cabían" en el régimen, como las mujeres lesbianas o transexuales.

Coincidimos en que la espiritualidad de cada una desemboca en la comprensión profunda de lo que cada quien es, por lo que está directamente ligada al acto de cuidarnos.

Pero, ¿cómo nos cuidamos las feministas? La verdad es que el autocuidado ha debido nombrarse como un tema emergente porque no lo hacemos. En nuestro afán de luchar contra el sistema patriarcal y derribar los estereotipos, descuidamos nuestra salud, nuestra tranquilidad, nuestra alimentación, por mencionar sólo tres cosas.

Si en un principio la timidez propia de los primeros encuentros no animaba a muchas a tomar la palabra, llegó un momento en que todas participaron.

Así llegamos a conclusiones que pueden parecer una obviedad para todo mundo, pero que casi nadie lleva a cabo: tenemos que construir escudos (sea materiales o no) para protegernos, debemos concientizarnos y ver que nuestra alimentación está directamente relacionada con quienes somos, es decir, con nuestra espiritualidad.

Obviamente se habló de las ventajas del veganismo y, aunque muchas no parecieron del todo convencidas, escucharon atentamente lo que Odaymara y Olivia, comentaron sobre sus respectivas experiencias: "¿Por qué vivir de la muerte de otros seres?"

Hubo muchas reflexiones, pero una que me llamó mucho la atención y que fue verbalizada por Olivia fue que la autodefensa feminista debe ser porque sí, no sólo para luchar contra el patriarcado, sino porque es necesaria para la vida de las mujeres.

Se habló de la importancia de hacernos a nosotras mismas varias preguntas sobre la opresión que podemos ejercer contra otras mujeres que tal vez no piensan como yo, pero cuyo pensamiento es tan válido como el mío, se habló de las mujeres trans, de los esterotipos de la feminidad, se habló, se habló, se habló...

Y eso es lo que al final articula todo movimiento: el dialogo respetuoso, el debate informado, el compartir las ideas y la escucha atenta de las otras. Parece obvio, pero nuevamente, pocas personas lo llevamos a la práctica; sin embargo no hay poder más fuerte que la palabra, porque entre otras cosas, puede funcionar como un excelente puente para compartir nuestra diversidad.

 

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